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La historia que se creo en el Gran Buritaca


Para iniciar, el gran Buritaca es un mar bastante picado (el oleaje es bastante fuerte), y ¡Claro! Esto también depende del día, la temporada, entre otras circunstancias que lo harán más o menos picado; Además que para acceder a él hay que atravesar un río que dependiendo de la temporada, puede estar seco o puede tener una muy buena corriente, en esta ocasión tenía muy buena corriente.

Más que hablarle de un estupendo lugar turístico “El gran Buritaca” del que vive mucha gente, en el que se pasa delicioso y se divierte mucho; este artículo es de mi sobrino, un niño de 8 años (Casi 9) el cual me dio varias lecciones de vida junto a la magia de la naturaleza que tiene el mar y río del gran Buritaca.

En el momento de cruzar el río, teníamos maletas, las chanclas o sandalias que no queríamos mojar, entonces de entrada yo ya tenía algunas cosas en una mano y por el otro lado llevaba a mi sobrino; a mitad de camino la corriente del río empezó a arrastrar a este pequeño (que por cierto va a ser bastante alto) por lo que me toco mantenerme y avanzar despacio, para no dejar que el río se llevara a mi adorado sobrino.

Al pasar me senté en el toldo, algo agitado, por lo que mi sobrino me dice: “Tío quiero volver al río con mis manos desocupadas” y me dije ¡Wau! Que valiente es este hermoso pequeño quiere enfrentar aguas turbulentas a pesar que una vez le toco recibir ayuda, esto es un tigre, pero no le di gusto de primera, decidimos en familia ir al mar a jugar un rato con el oleaje.

Al entrar al mar empezamos ayudarlo entre mi hermano y yo, para que las olas no lo tumbaran, sin embargo vi como varias veces se caía y él se volvía levantar sin problema, hasta el momento que una ola muy fuerte lo tumbo dejándole resentida la rodilla; claro yo me asuste, yo lo quiero mucho y sé que el adora el fútbol, no me gustaría que nada le pasará, sobre todo a sus piernas y por eso mismo le dije ¿quieres descansar? Y me dijo: “No, quiero seguir”; me dejo atónito pero orgulloso, pues se levanto después de que el mar lo tumbo una y otra vez, le golpeo una rodilla, le dejo raspones en las piernas y uno pequeño en la frente y además se fue a mostrarle al río que sí podía.

Me pude divertir muchísimo, por un lado tener un súper rato agradable con mi sobrino y mi familia, y por otro dejándome una lección grande de vida, pues por más que las aguas sean turbulentas, debes intentarlo una y otra vez y demostrarle a esas aguas que sí puedes seguir, y que sí te tumban, te raspan, te golpean, puedes volver a levantarte y vuelves a luchar; ahora agradezco a mi sobrino hermoso y al gran Buritaca.

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